Actualmente, muchos analistas políticos especulan sobre el futuro de Chile. Ha ganado formalmente la candidatura de Derecha-derecha y ha perdido la Derecha menos derecha y eso pareciera redefinir el escenario político-económico. Sin embargo, permítaseme una objeción: la realidad político-económica, en un sentido estructural, seguirá el movimiento continuo del progreso neoliberal.
Gabriel Salazar en una corta pero interesante intervención en Las Últimas Noticias ha señalado que la Concertación se vistió con ropa ajena, “siendo excepcionalmente exitosos” en la administración y fortalecimiento del modelo neoliberal y su diseminación ciudadana. El mayor de los problemas para los Concertacionistas –o también Concentracionistas- es que deberán ser oposición al discurso que ellos mismo instalaron y blindaron, y tendrán que serlo sin contar con una plataforma organizacional de base. La desarticulación de lo que antaño era un territorio de izquierda, en las que hombres y mujeres solían creer en la libertad más que en el progreso, ha sido reducido a cuerpos individuales que se rigen por su propia ley, es decir, autónomamente. La inversión en intervención social-comunitaria durante estos últimos 20 años se dispuso como un instrumento de fragmentación de bajo costo: profesionales de las ciencias sociales que al trabajar con grupos, organizaciones y comunidades transformaron la auto-gestión en auto-nomía, la racionalidad colectiva en razón indivisible, la libertad en progreso, el pensamiento en consumo de conocimientos. No analizaré la escena en detalle, esa responsabilidad nos corresponde a todos y en conjunto.
Sin embargo, lo hecho ya está y habrá que asumir que parte de la responsabilidad es nuestra. Permítanme citar un dicho popular: "El camino al infierno esta pavimentado de buenas intenciones". Ese camino lo hemos recorrido, ese camino lo hemos pavimentado con un tipo de intervención social-comunitaria al servicio de la moral gubernamental y no de una ética política y profana. Por ética política y profana nos referimos a un quehacer que impida a lo sagrado, lo ideal, es decir, a las lógicas del súper yo a instalarse y justificar lo no-ético como posición que el “pueblo” ha de asumir. Contra la impostura moral de la intervención social-comunitaria es necesario re-inventar la intervención en su ética, desde una perspectiva ética e inmoral. Si la moralidad gubernamental, ciudadana y hegemónica ha sido la fuente de perversión de la intervención, lo ha sido gracias a que su impostura obligo/convenció a los profesionales de las ciencias sociales a montar la escena sacrificial del “pueblo” y sus plataformas organizacionales. La ética y la inmoralidad, especulando a nuestro favor, han de ser axiomáticamente aquello que nos permita conspirar contra la lógica del capital y la especulación financiera. Con tal de avanzar en el objetivo de la reconstrucción o re-invención de la intervención social-comunitaria, proponemos como material el siguiente cuadro greimesiano de la matriz nocional en el que se presenta la oposición entre moral y ética presentada por Slavoj Žižek en su libro Las metástasis del goce. Seis ensayos sobre la mujer y la causalidad. (Obviamente hemos modificado el cuadro en función del objetivo de este texto). A partir del cuadro, observamos que el Estado viola las normas morales, es decir, no considera las Ideas y Necesidades del Pueblo, por tanto es Inmoral, y es No ético en tanto su objetivo simplemente persigue beneficios para las altas autoridades y los grupos económicos. Por otra parte, el Pueblo es Ético en la medida en que es capaz de suspender “la validez de las normas morales explicitas existentes [impuestas por el Estado y la Industria Cultural] en nombre de una ética superior de la vida, la Necesidad histórica por ejemplo” . A su vez el Pueblo es Moral en tanto considera las ideas y necesidades objetivas de los otros, es decir, cuando tiene en mente al conjunto de sujetos que conforman una comunidad X. Entonces, la pregunta en torno al Trabajador Comunitario, parafraseando a Alan Badiou, es: ¿Qué clase de política ejerce el trabajador comunitario en el marco de las demandas del capital?, ¿Dónde encaja la política en el quehacer del trabajador comunitario?
Responder estas preguntas es quizás lo fundamental para reinventarnos y reinventar nuestra praxiología profesional. Simplificando las cosas, sólo para incentivar de este modo una discusión apasionada, proponemos como mínimo al menos dos respuestas básicas:
- El Trabajador Comunitario deviene Súper Yo desde el momento en que asume una “Ley moral no ética, una Ley en la cual un goce obsceno se atiene a la obediencia de las normas morales”.
Es decir, estamos frente a un Trabajador Comunitario que actúa a favor de las coerciones económicas, las regulaciones legales y estatales que regulan la reproducción social del discurso hegemónico y, además, que no está dispuesto a reconocer su propio investimento deshumanizado. Básicamente el Trabajador Comunitario apuntalado en el lugar del Súper Yo es un trabajador enajenado.
- El Trabajador Comunitario asume la posición de Crítico siendo Inmoral y Ético a la vez. Se convierte, justamente, porque es capaz de escapar de las imposiciones de la demanda del Capital. Como Crítico suspende la legitimidad de las normas que rigen las prácticas de las buenas costumbres o si se prefiere suspende lo “políticamente correcto” en socorro de la construcción del desenlace de la Necesidad Histórica, en cuanto, proyecto de liberación y organización política de lo que hoy gusta llamarse la ciudadanía.
En síntesis, el nuevo escenario político-económico nos exige, tal como ayer, nada más y nada menos que asumir una posición crítica, radical y ética. De no reinventar la intervención y de no aprender a conspirar colectivamente, seguiremos transitando y justificando a la vez el camino pedregoso de nuestra propia precariedad.
Gustavo Bustos Gajardo Psicólogo, Docente Universitario, Miembro Comité Editorial Revista Actuel Marx/Intervenciones



Twitter
Myspace
Digg
Del.icio.us
StumbleUpon
Slashdot
Furl
Yahoo
Technorati
Googlize this
Facebook
Meneame
Comentarios
Es interesante su forma de escribir; se entiende, pero es raro leer un texto tan "fino" para algo que es tan "terrenal" y "entierrado". Esto, por cierto, es un asunto meramente circunstancial.
Para aportar algo a lo que dices, creo que haces una lectura correcta pero demasiado teórica -abstracta- en el sentido de creer que hay una correspondencia absoluta entre lo que dicen las políticas de un gobierno y lo que hacen los trabajadores comunitarios. Si hay algo cierto, es que el trabajador comunitario es un sobreviviente. Eso es un hecho innegable de la causa.
Mientras la política pública dice X, el trabajador comunitarios (mediado por jefaturas, programas, gobiernos locales y municipales, etc) trata de hacer algo parecido a X, con resultados a veces cercanos a Y, otras a W, y otras a A,B o C... Ejemplos sobran: El plan de inversión neoliberal para América Latina posterior a la segunda guerra (para detener futuros alzamientos insurrecionales , en parte) es el que financió a Paulo Freire en sus inicios. Algo similar pudimos ver el año pasado en la evaluación del programa EDUCAME (miportal.edu.sv/.../...) en Salvador. Es decir, a veces la creatividad florece justamente desde las contradicciones que los trabajadores comunitarios encuentran en la práctica. En el fondo, el problema se resuelve teóricamente a diario, de a poco, y muchas veces sin mucha conciencia.
Mas aún, hay torpeza de los teóricos sobre trabajo comunitario ha sido la de analizar el este asunto sobre parámetros ideales. El mapa no es el territorio. De hecho la tesis de Carolina Saavedra (csociales.uchile.cl/.../...) trata sobre eso mismo, y la mía también.
Ojalá se entienda, y muchas gracias por poner en perspectiva este tema, que es probablemente la principal cuestión sobre la que debiéramos concentrarnos en la coyuntura actual.
Varios nos hemos pronunciado en torno a esta "intervención" del Estado en las intervenciones comunitarias, y de todos modos no creo, haya sido ampliamente discutido en los espacios tanto académicos como locales.
Sin embargo creo que todos los aportes por más o menos teóricos o prácticos que puedan ser, son valiosos en la medida de que permiten dar más amplitud a un diagnóstico que no por ser evidente para muchos, quiere decir que tiene solución.
Por lo mismo no estoy de acuerdo con Matías en torno a que los trabajadores comunitarios no reproduzcan un modelo sólo por el hecho de encontrar nuevas interrogantes o cuestionamiento s en los casos específicos o no.
De hecho mi postura (presente en mis textos subidos a comunitarios.cl) es que independiente de lo críticos que puedan ser los profesionales de las ciencias sociales, o de su grado de conciencia, el problema está en las condiciones por las cuales pueden ellos instituir o no un "problema social" (o lo que es lo mismo, puedan pensar y hacer en torno a ellos) lo que obviamente implica que también está comprometida su forma de abordaje.
El punto es que si esa condición imaginante de los colectivos involucrados, como elemento del pensamiento profesional comunitario no es cuestionado, no avanzaremos. Al menos eso creo.
Mis más cordiales saludos
Pareciera ser, entonces, que la solución es práctica; es decir, con hechos. Me gusta la idea de condición imaginante de suroeste (Andrés Leiva), en el sentido de lo que es posible para los colectivos. Siempre y cuando no se pierda de vista que lo que se tiene que escribir con imaginación es la historia y no la memoria. ¿Se entiende no?
PD: Al fin!, Al fin! esto vive.
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.