¿El festival de la cultura? Imprimir
Escrito por Antonio Mondaca   
Lunes 25 de Enero de 2010 11:52
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El Ser y la NacaEl desarrollo cultural en Chile, llevado a cabo por el Estado e iniciativas privadas, ha modificado la relación que hoy tenemos respecto a las disciplinas que componen dicho espectro. Sin embargo hoy ¿Nos culturizamos porque somos cultos o somos cultos porque nos hemos culturizado?

La pregunta deja las puertas abiertas ante la paradoja –al parecer invisible- para quienes han dirigido la “gestión cultural” en Chile desde el año noventa hasta hoy: identificar el sentido de las acciones culturales.

Se nos ha dicho -a nosotros ciudadanos que hemos recuperado (que no construido) una democracia- que estos últimos 20 años han sido los más exitosos de la era republicana. Las cifras macro así lo señalan (de economía, de salud, educativas e infraestructura) ¿y las culturales? Bueno, en 2004 fue creado un descentralizado Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (sede en Valparaíso). Su dirección ha estado a cargo de dos ministros (José Weinstein y Paulina Urrutia), donde el Fondart en la primera versión (1992), dispuso de $ 1.874 millones. Para el año 2008 dicho monto se ha sextuplicado superando los $ 12.000 millones.

Entonces ¿Ha sido exitoso? El desarrollo de la oferta cultural en Chile entre los años 1990 y 2010 es indiscutible en diversas disciplinas: danza, fotografía, cine, teatro, música. Sin embargo ¿cómo se tradujo esto en la vida cotidiana de las personas? ¿Cómo se ha ido incorporando la cultura en la ciudadanía? ¿Cómo la extensa cartelera cultural  ha sido recibida por los chilenos?

A mi juicio, el festival de Teatro Santiago a Mil refleja los principales elementos de la forma de hacer cultura en las dos últimas décadas: 1. Ligada exclusivamente a la entretención. 2. Asociada a un patrón de consumo económico. 3. Con contenidos altamente homogéneos.

Estos tres puntos han provocado un quiebre en una forma tradicional de entender la cultura, es decir como un reflejo de lo que sucede en la sociedad. Dando paso a una cultura que se consume económicamente.

Quienes han tenido la oportunidad, el tiempo e interés para ir a ver alguna obra del festival Santiago a Mil 2010 -de danza, música o teatro-, habrán reparado en el abundante material de difusión que precede y antecede a cada una de las obras. Todo este material va dirigido a un público, con bagaje o iniciado, para que pague la cultura. ¿Y la Pequeña Gigante? ¿Y los conciertos y obras gratuitas? Eso es 100% entretención, absolutamente desvinculada de contenidos y mensajes: diversión vacía.

Respecto a la homogenización de contenidos hay que remitirse a los actores y directores que han estado presentes en los últimos certámenes.

Esta forma de culturizar ha ido consolidando en Chile a los ciudadanos del siglo XX y consumidores del sigo XXI que anunciaba Nestor García Canclini

Se han creado ciudadanos vacíos de contenidos y mensajes (político, educativo, nacional, pluralista) Se ha perdido el para qué de la cultura, quedando un purismo, un ethos aséptico. Aproximándose a un espacio exclusivo de entretención y/o por el cual se debe pagar, dejándola en el mismo estatus que un concierto de Madonna.

No basta con ver en los afiches a Delfina Guzmán sosteniendo un corazón humano ni oírla presentando cada obra. Tampoco a Catalina Saavedera hoy mediatizada como La Nana.

Sin embargo hay casos distintos donde se abre un camino hacia la reflexión: Tres Marías y una Roza y Los Payasos de la Esperanza. Sobre todo si ponemos atención al proceso en que fueron creadas dichas obras y al mensaje que hoy pueden entregar.

Enero es un mes de fiesta cultural en Chile. El despliegue informativo del Festival de Teatro a Mil ha demostrado haber recogido la experiencia de las ediciones anteriores, para posicionarse hoy con una madurez –cuando menos en los ámbitos de comunicación y selección de obras- de países con una basta trayectoria cultural. Cierto es que aún quedan desafíos –profundizar la descentralización y gratuidad, calidad de las salas y protocolos de seguridad para eventos masivos- pero las mejoras que se proyectan son auspiciosas si vemos retrospectivamente lo que era este festival en la segunda mitad de los noventa. Eso si, no podemos perder de vista el para qué y para quién se hace la cultura.

 

Última actualización el Lunes 25 de Enero de 2010 22:14
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Comentarios  

 
0 #1 Matias Asun 25-01-2010 14:30
Amen hermano.
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0 #2 Enzo Abbagliati 25-01-2010 14:49
"Se han creado ciudadanos vacíos de contenidos y mensajes". De un plumazo, l@s chilen@s del año 2010 estamos vacíos. ¿Respecto a que otr@ chilen@? ¿El de 1990, el 1973 o el de 1910? ¿O la comparación implícita es que con un@ ciudadan@ de otros lares?

Si el intento del artículo fue hacer una crítica a las políticas culturales de la Concertación, asumiendo que el festival Santiago a Mil es su más acabada expresión, el resultado de la reflexión deja que desear.

Toda crítica es legítima, pero debe hacerse con una mirada de contexto que aquí no encuentro. ¿Acaso el desarrollo sostenido en bibliotecas públicas, en museos, en infraestructura cultural en regiones, no cuenta? ¿Y la inmensa cantidad de contenidos culturales subidos a la red tampoco sirven?

En estos casos, que los conozco de primera mano, te puedo responder a tus preguntas: miles de ciudadanos con acceso a una oferta cultural permanente que hace 20 años no tenían.
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0 #3 sofia 26-01-2010 00:56
No creo que se trate de un comentario respecto a la política cultural general, sino que, constata algo que ya venía siendo anticipado hace como 30 años al menos, y que consiste sociedades moderniazas que invierte para construir una nueva demanda de consumo "cultural" y desarrollar una gran industria de entretención, lo que, para algunos, supone una pérdida del valor de la producción cultural de antaño. No creo que se trate de un arte "sin mensaje" ni que el arte en realidad haya perdido una esencia que no existe a mi modo de ver, esa de ser "reflejo de lo que ocurre en la sociedad". Esas son ideologías del arte bien anticuadas. AL menos, habría que pensar si es que la sociedad tiene algo que decir. Habiendo ganado Piñera, es claro que no hemso estado ni pensando ni hablando. Por suerte existe Alfredo Castro.
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0 #4 Eduardo Guesalaga 26-01-2010 01:58
Yo no creo que la producción cultural actual no tenga un mensaje, más bien cuestionaría ¿Cuál es el mensaje? ¿Qué Promueve?. Desde mi parecer, la oferta cultura actual responde más bien a un producto de mercado (materializada en la entretención) más que a una expresión o rescate de discursos, ideas o sucesos de la vida cotidiana de las personas. Se suma a esto la clara segregación y elitización de ciertas expresiones culturales. Evidentemente no son iguales las expresiones culturales (ni en contenido ni forma) que se pudieron ver durante 3 días en las calles de Valparaíso (Carnavales Culturales) en comparación a lo mostrado en Santiago a mil. Para la anécdota, ¿Alguien ha visto la transmisión de los Premios ALTAZOR (Premio de mundo artístico a sus mejores exponentes a nivel nacional)?. Bueno, yo el año pasado tuve la desgracia de verlo y sorprenderme por la gran cantidad de producción cultural que no había visto, que no conocía y que difícilmente podre ver. ¿Dónde está esa cultura? ¿Qué inculto soy? Probablemente sea muy costoso y arriesgado llevar dichas obras culturales a otras ciudades que nos sean Santiago y Valpo. (Descentralizaci ón)
Saludos.
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0 #5 William Blake 26-01-2010 04:01
El problema es severo y dañino a la vez y es que las políticas culturales apuntan más a un desarrollo de la Industria Cultural, por medio de circuitos de bienes de consumo. Es peligroso ya que está muy naturalizado en la masa, tendiendo a relacionar la producción cultural como algo que debe satisfacer la necesidad del goce, cuestión que considero perjudicial ya que se está desarrollando un tipo de ciudadano altamente enajenado, que no distingue la dimensión del arte. Indudablemente el carácter emancipador de las políticas públicas de los gobiernos concertacionist as (y las que vendrán del actual, ni hablar) ha contaminado a las artes, de la misma manera que una minera altera el ecosistema en un valle nortino. El lucro, el exitismo, la chatura son virus que se propagan muy rápido y tienen alto poder de asimilación. La cultura oficial es nefasta y merece ser abordada desde una óptica crítica, si no estamos fritos.
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0 #6 Rodrigo Ledesma 26-01-2010 06:37
Creo que la producción cultural no tiene por qué tener un sentido, ni un para qué. Lo siento, creo que es así. Ni siquiera debería ser entretenida (en esto encuentro razón a tú argumento, porque que la cultura sea solamente entretenida, responde a un criterio de mercado). El mensaje de una obra, su "para qué", su calificativo (entretenida, interesante, osada, motivadora), no es algo que deba plantearse a priori. El desarrollo cultural no debe perseguir ningún fin, porque es un fin en sí mismo. Una vez que exista este desarrollo, y el acceso a las distintas manifestaciones , cada cual, podrá decir. "esta obra me permite pensar en..." o esta obra me sirvió para (entretenerme, cuestionarme, pensar en tal cosa, o no me sirvió para nada y es una basura). En absoluto es algo que le compete exclusivamente al estado, sin embargo creo que la inversión en cultura tiene sentido en cuanto a crear referentes de identificación, que es lo que nos permite hablar de la tan bullada identidad. En ningún caso creo que deba ser homogénizada por un criterio a priori, "sirve para", "encaja en", "tiene un mensaje (que lo puedan leer todos ahora)". Saludos
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0 #7 Andres Leiva 26-01-2010 10:41
Me parece que el autor releva bien el centro, que sin embargo se pierde en los comentarios. El sentido de la producción cultural, se ha masificado en torno a la entretención, sin que el hecho de su masificación quiera decir que, este proceso de masificación se haya traducido en más y mejor cultura.
Sin embargo el hecho de que las producciones masivas sean de entretención solamente no quiere decir que la producción cultural sea sin sentido en el resto de las iniciativas llevadas a cabo.
El caso de una sociedad cultural, primero no puede dejar todo su énfasis en un mes del año, no puede dejar que además sea administrado por el mercado lo que potencia, ya que al menos en el caso de los fondos, esto se traducen en la ayuda a la producción y no en la distribución, dejando que los que se produjo quede al arbitrio de los que lucran con la cultura.
Es un tema en todo caso que se reconocen avances, pero quizás todavía inocuos para pensar en una sociedad que realmente "consuma" cultura.
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