
Esta frase, atribuida al Barón Rothschild*, que en una primera lectura puede darnos risa y a la segunda, un gélido escalofrío, tiene una actualidad que asusta.
Gran rechazo, dolor y hasta vergüenza se ha producido entre muchos chilenos, al ver que en medio de la catástrofe hayan surgido espontáneos saqueadores, entre quienes -informaba carabineros- había un 90 % de personas sin antecedentes penales. Otro "saqueo" paralelo, es la descarada alza de precios de productos de primera necesidad con que algunos comerciantes buscaron "obtener beneficios" de la tragedia. Este segundo saqueo, ligeramente más abstracto que el primero, si bien ha producido no poca indignación, también ha producido algunas lecturas comprensivas: "Habrá comerciantes -argumentaba una entrevistada en la TV- que de alguna manera buscan resarcirse de las pérdidas sufridas". Un tercer saqueo, otro poco más abstracto que los anteriores, es el alza del precio de los arriendos y de las propiedades. Otra cuarta expresión de lo mismo, más abstracta aún, es el alza de precios de los materiales de construcción, de entre ellos, el acero. Me tocó cotizar, por cuestiones de trabajo, planchas metálicas, y me encuentro con que habían tenido los últimos días, un alza que superaba el 40 %... "Negocios son negocios". Estas distintas formas de saqueo, subjetivamente podrían ser descritas como "la alegría de las funerarias", para darle un sesgo más empresarial, ya que el sepulturero no goza del mismo beneficio pecuniario.
Conversaba del tema con una amiga colombiana y ella decía "No son así los chilenos. Aquí la gente es honesta. Más los refleja el que gran cantidad de lo saqueado se haya devuelto en forma voluntaria". Este benévolo juicio de valor, parecía no considerar el que las devoluciones se precipitan después de que se haya hecho declaración pública de que a los saqueadores se los identificaría hasta con videos y que se les dejaría caer todo el peso de la ley. Pero, en particular, sólo es aplicable ese "peso" al primer nivel de saqueo ya que, para los otros tipos de saqueo, sólo parece haber castigo moral y, en la medida en que más abstractas estas expresiones, menos sanción moral... "Negocios son negocios".
¿Cómo somos los chilenos?
Cuando hablamos de factores idiosincráticos, nos referimos -en palabras de Arnold Hauser- a "factores constantes de evolución". O sea, a características o rasgos nacionales permanentes que parecen no estar condicionadas o determinadas por factores históricos. La afirmación de "Los chilenos son o no son así...", parte de esa premisa. En este particular caso, parte de la suposición de que, a lo largo del tiempo, hay "inmutabilidad moral en un pueblo". El mismo Hauser, en su "Historia social de la literatura y el arte", precisa que el historiador debe renunciar hasta última instancia en aceptar tales factores idiosincráticos, de ese modo, podrá tener su mente abierta para encontrar las razones de fondo que permitan la profundización explicativa, en definitiva, la comprensión de por qué se es como se es, evitando el defensivo y simplón "soy como soy", que frena todo cuestionamiento, congela todo dinamismo.
Siguiendo la lógica hauseriana, nos hacemos una pregunta dinámica ¿Cuánto de lo ocurrido refleja los cambios que la sociedad chilena ha sufrido en las últimas décadas? Más precisamente, en las décadas dictatoriales y postdictatoriales. ¿Acaso la moral, o más a fondo, la concepción ética chilena se ha visto modificada?
Naomí Klein en su libro "La Doctrina del Shock: El auge del capitalismo de desastre" (Libro en PDF), explica con detalle, cómo la imposición del liberalismo extremo o neoliberalismo, ha requerido aprovecharse de desastres naturales (tornados, terremotos, maremotos, etc.) o sociales (golpes de estado) para imponer su doctrina, en vista de que hasta allí, no había habido manera de implementarla por vía democrática. David Harvey abarcando momentos históricos posteriores, va más allá y en el segundo capítulo de su libro "Breve historia del neoliberalismo", analiza el triunfo de los ideólogos de extrema derecha que ya han sabido "construir el consentimiento" generalizado de esas mismas ideas. O sea, han conseguido el triunfo ideológico en que las ideas neoliberales se aceptan como "naturales". Una de las frases que sintetiza bastante bien este consentimiento es quizás la de "negocios son negocios". Esta frase tan recurrente, nos dice que hay al menos 2 morales paralelas. La primera, la de la solidaridad, que pone foco en la justicia social. La segunda, en la que no aplica esta moral sino sólo la de costo-beneficio, y no cualquier beneficio, sino específicamente el beneficio material. Ambas morales transitan sin tocarse la una con la otra, sin que la una cuestione moralmente a la otra.
Hace unos años, me sorprendí con la noticia de que posteriormente a que en Cuba se había decretado la libertad de culto ("¿Más vale tarde que nunca?"), y en coincidencia con la Semana Santa, el gobierno cubano había tomado la decisión de que durante ese período los pescados y mariscos bajarían de precio. El argumento que sostenía esta decisión, era que la práctica de este ejercicio ritual religioso no se viera condicionado por el mayor o menor poder adquisitivo de los creyentes. La idea era entonces, que la mayor cantidad de personas pudiera ejercer su credo sin que la "ley" de oferta-demanda se los impidiese. ¡Vaya, vaya! En nuestro mundo, prácticamente a nadie se le ocurre criticar a ningún comerciante, por católico que sea, el que suba los precios con el objeto de usufructuar del ejercicio de la fe de sus correligionarios. Varias otras formas de naturalización de la "moral de mercado" se dan en lo cotidiano, sin ir más lejos, nos parece natural que los deportistas de élite tengan sueldos millonarios. Inclusive, "natural" parece poco decir, ya que varios de ellos le dan categoría de divina a esta situación, no otra cosa se puede deducir de que agradezcan a Dios su condición, como si Dios tuviese algo que ver con esta vergonzosa inequidad, que hace parecer de perfecta albura palomar a Sodoma y Gomorra. El verdadero Dios que hay detrás de todo ésto no es sino el llamado "libre mercado", que sólo da libertad a los que poseen la riqueza. Pero los sueldos de los deportistas de élite, aunque tremendamente elevados, siguen estando por debajo de los ingresos de la élite empresarial, que son los verdaderos saqueadores.
Ante esta realidad, en que el saqueo de corbata está legalizado, y en que el ofensivo beneficio de la élite empresarial se personifica hasta en el futuro presidente de Chile, quien por acrecentar la riqueza que ya tenía, prefirió violar las leyes y pagar hasta multa por no respetar el mínimo de regulación legal cargando con la inmoralidad de sus acciones ¿Podemos pretender que no haya merma moral en la sociedad chilena? ¿Podemos pretender que no haya, en los sectores más marginados, rabia y displicencia contra aquellos que ostentan riquezas?
La clase económica dominante de antaño no tenía el exhibicionismo de riquezas que hoy en día se ve. Antiguamente, no había la relación directa que hoy existe entre éxito personal y éxito económico reflejado en el violento consumismo reinante. Es completamente nuevo el fenómeno que escuché criticar hace un par de años a un sacerdote chileno, en que se había adquirido el hábito, en las iglesias del barrio alto, de ungir con agua bendita a las camionetas 4 X 4. Este curioso culto, no es sino una macabra metáfora de hasta dónde ha llegado la impunidad moral de quienes asumen el enriquecimiento y la inequidad como una condición natural de la sociedad humana.
No cabe duda alguna que el "cómo somos los chilenos" ha cambiado no poco y al respecto, mucho tiene por decirnos esta tragedia que estamos viviendo, pero para poder hacer lúcida lectura de ella, debemos hacernos cargo de las profundas transformaciones morales, éticas y culturales, de que nos ha hecho víctimas el sistema político económico impuesto a sangre y fuego que hoy nos rige.
No se trata aquí de justificar a los saqueadores de lavadoras, más bien se trata de dirigir la indignación a quienes verdaderamente saquean nuestro país, a quienes no tienen ninguna necesidad de cargar al hombro los electrodomésticos porque están en posición de saquear a manos llenas sin sufrir penalización alguna, a quienes la frase del Barón Rothschild "Cuando veas correr sangre en las calles, compra propiedades" les saca no una humorística sonrisa, sino la placentera alegría del que ha visto llegar para sí, "la gran oportunidad de lucrar con la desgracia ajena".
Ante el impulso primario conservador de confrontar los saqueos como un contrapunto entre la "naturaleza humana" v/s "la fuerza civilizatoria" o el más de fondo "la naturaleza neoliberal" v/s "la fuerza civilizatoria", me quedo con la reflexión de Slavoj Zizek
"...¿y si la tensión que llevó al estallido de violencia en Nueva Orleans (Concepción, Talca, etc.) no era la tensión entre la "naturaleza humana" y la fuerza de la civilización que la mantiene a raya, sino la tensión entre dos aspectos de nuestra civilización? ¿Y si, en el esfuerzo por controlar estallidos como el de Nueva Orleans (Chile), las fuerzas de la ley y el orden se enfrentaron con la auténtica naturaleza del capitalismo en su forma más pura, la lógica de la competencia individualista, de la autoafirmación más despiadada, una "naturaleza" mucho más amenazadora y violenta que todos los huracanes y terremotos juntos?..."
*El Barón Rothschild habría emitido esa frase en el año 1757, en el contexto posterior a la batalla de Waterloo.



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